En épocas tan remotas como en el antiguo Egipto reverenciaban a los cereales, los colocaban en hermosas vasijas y se lo ofrecían a los dioses, en este caso al faraón, para que lo acompañaran y aportaran energía vital en la otra vida, de ahí su nombre, cereal proviene de una Antigua diosa griega “Demeter”, a la que los romanos rebautizaron con el nombre de “Ceres”.

Se sabe que algunos de estos cereales integrales fueron recuperados y sembrados después de miles de años en estas vasijas y aún así, dieron sus frutos.

Cuando el hombre se convierte en agricultor hace miles de años, hace del grano integral su principal sustento. Según la opinión de científicos de la Universidad de harvat, el descubrimiento del fuego y posterior cocinado de los vegetales y granos por el hombre, coincide con el desarrollo de partes de su cerebro e inteligencia.

La adaptabilidad y durabilidad del cereal lo convierten en el alimento ideal para garantizar la supervivencia del pueblo, los graneros en los antiguos poblados constituían uno de los ejes fundamentales sobre el cual todo giraba, la preservación del mismo estaba ligada a la supervivencia de la especie.

Los cereales han constituido la base de la alimentación humana desde entonces hasta hace 100 años. En la era moderna y sobre todo en los países ricos, otros productos refinados, cargados de químicos y otras sustancias nada beneficiosas para el ser humano, junto con un alto consumo de lácteos y productos cárnicos, desbancaron por completo a los cereales integrales causando graves desequilibrios en el organismo y aumentando la tasa de determinadas enfermedades como diabetes, hipertensión, caries, descalcificaciones, etc .

Todas las enfermedades degenerativas tienen casi siempre un punto de partida y esa es la elección de alimentos refinados, faltos de nutrientes e incluso manipulados genéricamente, en definitiva una alimentación que se a ido degenerando.

Todos los estudios realizados en los últimos cincuenta años, nos indican que volver a la práctica alimenticia de nuestros antepasados, la misma que se sigue haciendo en pueblos como Okinawa en Japón o los Hunzas en Pakistan basada en en cereales integrales, verduras frescas, frutas y legumbres reduciría vertiginosamente el número de personas con las enfermedades degenerativas modernas.

Los cereales son la semilla y la planta a la vez, capaces de generar vida, con un potencial vital y energético extraordinario.

En Europa, la avena, el centeno y el trigo, siempre fueron la base de la alimentación cotidiana. La cebada y el mijo, tuvieron su principal cultivo en África. El arroz, en La Índia, China y Japón. y el maíz en las culturas precolombinas.

Hay dos diferencias fundamentales entre los cereales integrales y los cereales refinados. Los cereales integrales, son granos que se comen completos (sin procesamientos ni refinamientos). En los granos completos, no se elimina ninguna de sus partes comestibles (salvado, testa,  almidón, germen), manteniendo su equilibrio natural, y por tanto su calidad es superior en nutrientes en comparación a su homólogo el “cereal blanco”. Los cereales integrales son extremadamente ricos en sustancias vitales tales como proteínas, hidratos de carbono, ácidos grasos esenciales, vitaminas, oligoelementos y minerales entre otras, son menos acidificantes, y sobre todo no solo provee al cuerpo de energía , sino también de sustancias plásticas que renueven nuestras estructura, por el contrario los cereales refinados desgasta y desnutre nuestro cuerpo, pues se ve obligado a recurrir a sus reservas de nutrientes con el fin de metabolizar los cereales refinados.

Las proporciones que estos nutrientes presentan en los cereales, son las ideales para las necesidades del cuerpo humano y debemos tener en cuenta que el 50-60% de la dieta macrobiótica está compuesta por cereal.

Cada cereal tiene su propia personalidad y dependiendo de la forma de cocción que realicemos, nos proporcionará un efecto u otro, pero siempre le suministran al cuerpo una fuente de energía constante y pareja. Siempre es mejor comer el grano entero que separado de cada una de sus partes, cuando el grano es separado, aplastado o hecho harina es posible que conserve sus mismos nutrientes por un tiempo, pero ya no será capaz de generar vida. Cada grano es el principio y el final del ciclo de vida de una planta, por lo tanto contiene en si mismo todo el potencial de la planta.

Si los dividimos en tres grupos, los cereales enteros como ya hemos indicado es lo mejor que podemos darle a nuestro organismo, en un segundo grupo estarían los farináceos y granos procesados naturalmente, incluyen el seitán, pastas , pan, galletas y en general horneados, también el trigo partido, bulgur, avena arrollada, copos, cus-cus, y otras formas molidas, cortadas a máquina o parcialmente refinadas, este grupo podemos utilizarlo de vez en cuando para variar.

En el tercer grupo está la harina blanca, el arroz pulido y otros productos cerealeros que han sido refinados, blanqueados o conservados y enriquecidos artificialmente. Estos alimentos no tienen vida, por eso en la cocina macrobiótica los evitamos.

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