Cuando el consumo de grasas es excesivo aparte de tener efectos en nuestro organismo como cansancio o somnolencia (ya que el exceso de grasa embota los sentidos y ralentiza las funciones corporales), también en el aspecto psicológico frena al actividad intelectual y las inquietudes de orden espiritual. Por otro lado también puede ser la causa de irritabilidad, ya que el hígado se sobrecarga y cuando esto se produce se intoxica la sangre, dando lugar a un malestar generalizado. Además un hígado en mal estado puede ocasionar tensión y, en casos extremos, intolerancia, agresividad y ataques de ira.

Cuando ocurre justo lo contrario, el consumo de grasas es insuficiente puede dar lugar a un enfriamiento del cuerpo, y a nivel psicológico a una falta de calidez y alegría, o sea de las emociones, la sequedad física se puede traducir en falta de ternura y flexibilidad, física y emocional.