¿Cuánta agua necesitamos? mitos y realidades

Nuestro cuerpo está compuesto aproximadamente de un 60 a 70 por ciento de agua y una dieta adecuada debería proporcionar al organismo alimentos con este mismo contenido de agua, para que éste mantenga su composición ideal, es decir unos dos litros y medio cada día es lo que tendríamos que reponer en condiciones normales de salud. Si queremos cuidar nuestras reservas de agua corporal es importante aprender a identificar a los alimentos “proveedores de agua” para incluirlos en nuestra alimentación, así como también a los “ladrones de agua”, para reducir o evitar su consumo.

El agua que satisface a plenitud las necesidades del cuerpo proviene de las frutas, los cereales y las verduras convenientemente cocinadas. Debemos tener en cuenta que una comida muy salada nos obligara a beber mucho, al igual que algo excesivamente dulce, por ello tenderemos siempre al equilibrio en sabores. También tendremos en cuenta las descargas por enfermedad, donde necesitaremos más agua.

Ladrones de agua
En esta lista están las comidas cocinadas o procesadas. Un ejemplo es la comida rápida como las papas fritas, los perros calientes y las hamburguesas. Estos alimentos sin ningún contenido de agua y con alto contenido de sodio roban agua de nuestras reservas corporales. Su contenido tóxico es tan alto que el cuerpo se ve obligado a tomar agua de sus reservas para utilizarla como medio de transporte de estas toxinas mientras se eliminan. Esta es una acción preventiva que el organismo intuye para proteger la integridad de las células y tejidos.

Después de consumir alimentos procesados se siente sed. La situación se agrava cuando, para calmar esta sed, se recurre a sodas, bebidas azucaradas o hipocalóricas recargadas de químicos, en vez de tomar simplemente agua. Cuando estos abusos forman parte de nuestra rutina estamos construyendo los cimientos para enfermedades futuras. En resumen, para lograr el equilibrio de agua en el organismo, es necesario Identificar los alimentos con alto contenido de agua natural e incluirlos en nuestra dieta diaria en la proporción correcta, cuando esto ocurre el agua proveniente del grifo debe ser nuestra segunda opción. Para nadie es un secreto que algunas de las sustancias químicas que se utilizan en su procesamiento pueden ser contaminantes. El agua de la red está tratada, no tiene microorganismos vivos, pero si sus cadáveres y una gran cantidad de contaminantes como nitratos o cloro, que es muy oxidante, destruye la vitamina E, altera la flora intestinal y es un factor de riesgo para el cáncer.

Existe el mito de que es necesario consumir un mínimo de ocho vasos de agua del grifo cada día como medida desintoxicante (Esto viene bien cuando consumimos alimentos acidificantes como los ya descritos), Si observamos a los bebés y a los animales que se guían por sus instintos naturales, nos daremos cuenta que ellos sólo toman agua cuando sienten sed. Una forma de saber cuándo debemos beber es cuando la lengua se nos pega al paladar.

Todo lo que no se necesita debe ser eliminado. Aunque el agua es un diurético natural (evita la formación de cálculos renales y ayuda a eliminar tóxicos), cuando consumimos más agua de la que necesitamos, estamos forzando al cuerpo, sobre todo riñones, a ejecutar un trabajo de eliminación innecesario y a gastar preciosas energías inútilmente.

Las personas cuyas dietas contienen abundantes frutas, verduras frescas y cereales bien cocinados sienten menos sed y requieren tomar menos cantidad de agua de las botellas y grifos. La mejor agua para beber es aquella que tenga menos microorganismos, contaminantes y desinfectantes añadidos.

El primer paso para una buena digestión.
Una de las cosas más importantes a la hora de comer es estar relajados, todas las funciones corporales están controladas por nuestro sistema nervioso, que es el encargado de dar órdenes. Hay 2 ramas diferenciadas de nuestro sistema nervioso: el simpático y el parasimpático. El simpático prevalece cuando estamos activos, trabajando física o mentalmente, realizando ejercicio, nerviosos, etc. El parasimpático regula las funciones involuntarias del organismo, como por ejemplo la de dar la orden a las glándulas de segregar jugos digestivos y regula los movimientos de órganos y vísceras que actúan en la digestión.