A pesar de su mala fama, el colesterol es una sustancia lipídica fundamental para los organismos animales. Forma parte de las estructuras de las membranas celulares y además es precursor de otras moléculas tan importantes como las hormonas sexuales y adrenocorticales, la vitamina D, los ácidos biliares y algunos pigmentos.

El hígado lo sintetiza a partir de otros precursores siempre abundantes. Para evitar un exceso de dicha síntesis, existe correlación entre el colesterol que se toma en la dieta y el que fabrica el hígado. Se cree que el colesterol de los alimentos, solo influye en un 15-30% en el colesterol sanguíneo.

No hay forma de eliminar el colesterol. No hay enzimas capaces de degradarlo, e incluso el que se elimina a través de la bilis, en gran parte es reabsorbido en el intestino. Esto nos indica que es una sustancia muy importante pero que no debe existir en exceso.

El colesterol al ser un lípido es insoluble en agua, por lo que para poder navegar por el medio acuoso de la sangre y llegar a los lugares de nuestro cuerpo donde es necesario, debe asociarse con otras moléculas (fosfolípidos y proteínas) formando lipoproteínas. Hay 4 tipos de lipoproteínas, pero las más importantes son las LDL o lipoproteínas de baja densidad y las HDL o lipoproteínas de alta densidad. Las LDL , transportan el colesterol a los tejidos periféricos, pudiendo depositar el exceso en las paredes arteriales previamente dañadas y formar ateromas.

Si la pared interior de las arterias está en buen estado es difícil que el colesterol de esta clase se acumule sobre ella, simplemente resbala. Por el contrario, el tabaco, los radicales libres y otras sustancias, pueden dañar las arterias y propiciar que el colesterol no resbale sino que se fije formando ateromas.

Un ateroma está constituido por dos terceras partes de colesterol y el resto de fibrina, grasas y células. El proceso de formación de ateromas puede haberse producido silenciosamente durante muchos años. Comienza así a dificultarse la circulación a través de los vasos que en algunos casos acaban cerrándose (hipertensión y problemas cardiovasculares). Es por todo esto, por lo que coloquialmente, al LDL se le conoce como “colesterol malo”.

Por suerte, el hígado fabrica el HDL o “colesterol bueno”, que se encarga de recoger el colesterol sobrante de las paredes arteriales y transportarlo de nuevo al hígado para su reciclado. Las LDL solo son realmente “malas” cuando se encuentran en cantidades muy elevadas con relación a las HDL. Por eso, cuando los valores de colesterol se disparan, lo ideal seria disminuir el colesterol “malo” sin apenas rebajar el “bueno”.

Algunos estudios muestran que las grasas poliinsaturadas rebajan las dos fracciones lipoproteicas (HDL y LDL), mientras que las monoinsaturadas aumentan las HDL además de disminuir las LDL. Por el contrario, un consumo excesivo de grasas saturadas (especialmente carnes rojas y lácteos) activa la síntesis hepática de colesterol, siendo más peligrosa que el propio colesterol de los alimentos.

Debemos comprender que el encargado de regular el colesterol en nuestro organismo es el hígado. Cuando está muy sobrecargado, el colesterol “malo” se eleva. Lo más importante es llevar una dieta libre de grasas transformadas, de azúcar y de tóxicos, eliminando completamente dulces concentrados, cafeína y bebidas alcohólicas, las margarinas, los embutidos, los fritos y el exceso de lácteos, así como los medicamentos innecesarios.

Los alimentos, sustancias y hábitos que perjudican el hígado, son los siguientes:

  • Exceso de grasas saturadas.
  • Azúcares refinados y grasas hidrogenadas presentes en pastelería y bollería industrial.
  • Bebidas alcohólicas, gaseosas y refrescos.
  • Estimulantes como café, te y chocolate.
  • Tóxicos como el tabaco y los medicamentos.
  • Fritos, picantes, excesos de comida o comida de mala calidad.
  • Cenas copiosas y tardías.
  • Estrés, nerviosismo y sedentarismo.
  • Sentimientos de rabia, ira, frustración, soberbia y miedo a no ser capaz de mantenerse (perder el trabajo, perder la vivienda, no poder vestirse, etc).

Los alimentos, sustancias y hábitos que mejoran el funcionamiento del hígado y por tanto bajan el colesterol son:

  • Verduras de hoja verde como coles, coles de Bruselas, brécol, lechugas, berros, alcachofas, rúcula, diente de león, perejil,…
  • Los cereales integrales, como la cebada y la avena, cuya fibra forma un gel con el agua intestinal que secuestra el colesterol y ayuda a eliminarlo con las heces, impidiendo su reabsorción.
  • Otro remedio muy económico y popular que proporciona fibra soluble, consiste en poner 4 cucharadas soperas de alpiste puro para pájaros toda la noche en remojo en un litro de agua. Cocer unos 10 minutos, reposar y colar. Tomar cada día un litro de esta agua.
  • Los guisantes y las legumbres, por su alto contenido en lecitina y fibra soluble.
  • La vitamina E, previene la oxidación de las grasas y el colesterol sanguíneos, evitando la formación de los ateromas. Se encuentra en el aceite de oliva de primera presión en frío, en las nueces, avellanas, soja y sobre todo en el aceite de germen de trigo (1-2 cucharadas por persona y día y sin freír).
  • La vitamina C y los flavonoides presente en frutas y verduras sobre todo las de hoja verde, son también otro potente antioxidante.
  • Vitaminas del grupo B, especialmente la B6.
  • Los aceites de pescado azul y de semillas de lino w-3, consumidos 2 ó 3 veces a la semana.
  • La lecitina de soja, que fluidifica las grasas y ayuda a digerirlas.
  • Semillas de sésamo y pipas de calabaza y girasol, consumidas en cantidades moderadas (1-3 cucharadas por persona y día).
  • Ligeros toques de sabor ácido (cítricos, frutas ácidas, pasta de umeboshi, vinagre de arroz, y todos aquellos alimentos que tengan un toque ácido), estimulan las secreciones de la vesícula biliar y del hígado.
  • Practicar algún tipo de ejercicio físico aeróbico, como correr, andar, nadar o pedalear. Esto favorece el aumento de los niveles de HDL.
  • Descanso suficiente y relajación.
  • Prestar atención a los pensamientos y sentimientos de rabia, ira, frustración o miedo a perder el sustento y transformarlos en otros más optimistas y positivos. Recuerda que muchas veces somos nosotros solos los que saboteamos con estas emociones negativas a nuestro propio hígado.
  • Cena ligera y temprana.

Bajar el nivel de colesterol en la sangre no debe convertirse en una obsesión. Hay muchas personas que sufren accidentes cardiovasculares sin tener el colesterol elevado. Niveles altos de colesterol no son sinónimo de tener ateromas ni de accidentes cardiovasculares, hay otros factores que influyen, por ejemplo la falta de vitamina B6, aunque esta vitamina tampoco es la panacea, sino un ingrediente más en la prevención.
Recuerda, para mantener el colesterol a raya, debes comenzar por poner tu hígado en las mejores condiciones.