Ciertamente no existe una dieta adecuada a todas las necesidades. Las modificaciones son siempre necesarias, dependiendo de donde se vive, del clima local, la estación, sexo, edad, ocupación, condición particular y nivel de actividad. La dieta macrobiótica tipo, está pensada para las personas que viven en un clima templado de 4 estaciones, variándola levemente si estamos en invierno o verano, por ejemplo: en verano tomaremos un poco más de verdura y un poco menos de hidratos de carbono y en invierno, al revés.

Las proporciones generales de esta dieta, están basadas en las pautas dietéticas tradicionales que protegieron a nuestros antepasados, de los numerosos desórdenes degenerativos que hoy nos afectan. También nos permite adaptarnos de una forma inteligente a las condiciones cambiantes del medio ambiente.

Hasta las épocas recientes, los cereales integrales cocidos, constituían la alimentación básica en todas partes del mundo: arroz en Oriente, trigo, cebada, centeno y avena en Europa, trigo sarraceno en Rusia y Europa Central, maíz en América, mijo, trigo y otros cereales integrales en África y Medio Oriente.
En todo el mundo, las dietas tradicionales, incluían verduras frescas de la localidad, legumbres, cereales integrales, en algunos lugares algas y algunos productos fermentados. En general, las proteínas animales, o sea, carnes, huevos y lácteos, se usaban mucho menos que en nuestra época.
El consumo excesivo de alimento de origen animal, tan de moda hoy en día, conduce a menudo a la proliferación de bacterias y toxinas en el tubo digestivo y en el sistema circulatorio, contribuyendo a una gran cantidad de desórdenes.

Resulta mucho más recomendable la ingesta de pescado, sobre todo el blanco, almejas y calamares, lo más frescos posible y que no se críen en piscifactoría.
Para terminar, debemos tener en cuenta varias consideraciones:

  • Los ingredientes a emplear en el menú: Deben ser variados y contener todos los grupos de alimentos necesarios para que nuestro organismo funcione correctamente, es decir, cada menú debe llevar cereales, proteínas (vegetales o animales), verduras, aceite y/o semillas, pickles y algas.
  • Composición: Sugerimos empezar en verano con una ensalada y en invierno con una sopa caliente o consomé. Después, en un plato, debemos combinar un 50% de cereal (arroz, trigo, cebada, mijo, quinoa, etc), un 15% de proteína (legumbres, tempeh, tofu, seitan, pescado, carne, huevos) y un 30% de verduras de temporada, el 5% restante, lo emplearíamos con algas y pickles. Para terminar, podemos tomar una infusión. Los postres (dulces y fruta), los dejamos para consumirlos entre comidas para que no se combinen con las proteínas, pues harían más pesada la digestión.
  • Sabores: En la comida ideal, deberían estar presentes todos los sabores, dulce (cereales, fruta, melazas, mermeladas naturales,…) amargo (lechugas, alcachofas, frutos secos tostados, endivias…) ácido (limón, vinagre de arroz, fermentos como el chucrut), picante (ajo, jengibre, mostaza, pimienta, rabanitos,…) y salado (sal, salsa de soja, aceitunas, miso, …) con predominio del dulce, que será del 80%.
  • Estilos de cocción: Cada tipo de cocción tiene efectos diferentes y proporciona un determinado tipo de energía, esto hay que tenerlo en cuenta a la hora de preparar nuestros menús. Hay que ir variando según la estación del año y el efecto que deseemos obtener. Alternaremos entre cocciones largas y cortas, que calienten y que enfríen, que activen y que relajen, que refuercen y que depuren, etc.

WhatsApp Chat
Enviar a través de WhatsApp