En la historia del hombre, los cereales ocupan un lugar esencial. El hombre primitivo, buscaba preferentemente las gramíneas, estos frutos concentrados que sacian rápidamente el hambre, se conservan fácilmente y resisten bien las fluctuaciones climáticas.

Ya en el Neolítico, el hombre convertido en agricultor, las cultiva y las selecciona para hacerlas la base de su alimentación.

Los cereales han constituido el centro de la alimentación humana desde entonces hasta hace 100 años. Después, en los países ricos, otros productos más refinados desbancan a los cereales y además aumentó el consumo de lácteos y productos cárnicos, lo cual causó desequilibrios en los organismos y aumentó la tasa de determinadas enfermedades como diabetes, hipertensión, caries, descalcificaciones, etc.

Todos los estudios realizados en los últimos tiempos, nos indican que volver a la práctica alimenticia de nuestros antepasados, basada en el cereal integral, reduciría drásticamente el número de personas con las enfermedades mencionadas anteriormente.

Desde el punto de vista energético, no podemos olvidar que los cereales son las semillas de la planta, capaces de generar vida, y que poseen un potencial vital extraordinario. Es curioso saber cómo en las pirámides de Egipto, encontraron semillas de una variedad de trigo llamada Kamut (significa pan) con más de 3000 años de antigüedad. Dichas semillas se plantaron y germinaron a pesar del tiempo.

La cebada y el mijo, tuvieron su principal cultivo en África. El arroz, en La India, China y Japón. En Europa, la avena, el centeno y el trigo, y el maíz en las culturas precolombinas.

Los cereales han sido reverenciados como algo esencial para la vida, han formado parte de ritos y ceremonias religiosas. Así los griegos, en su mitología tenían a Deméter, la Tierra Madre, que simbolizaba a la más importante de las divinidades de la fecundidad. A esta divinidad, los romanos le dieron el nombre de Ceres, de ahí deriva el nombre de Cereal.

Existen dos diferencias fundamentales entre los cereales integrales y los cereales refinados, los cereales integrales, son granos que se comen completos (sin procesamientos ni refinamientos). En los granos completos, no se elimina ninguna de sus partes comestibles (salvado, testa, almidón, germen), manteniendo su equilibrio natural, y por tanto su calidad es superior en nutrientes en comparación a su homólogo el “cereal blanco”. Los cereales integrales son extremadamente ricos en sustancias vitales tales como proteínas, hidratos de carbono, ácidos grasos esenciales, vitaminas, oligoelementos y minerales entre otras, son menos acidificantes, y sobre todo no solo provee al cuerpo de energía , sino también de sustancias plásticas que renueven nuestras estructura, por el contrario los cereales refinados desgasta y desnutre nuestro cuerpo, pues se ve obligado a recurrir a sus reservas de nutrientes con el fin de metabolizar los cereales refinados.

Las proporciones que estos nutrientes presentan en los cereales, son las ideales para las necesidades del cuerpo humano y debemos tener en cuenta que el 50-60% de la dieta macrobiótica está compuesta por cereal.

Cada cereal tiene su propia personalidad y dependiendo de la forma de cocción que realicemos, nos proporcionará un efecto u otro, pero siempre le suministran al cuerpo una fuente de energía constante y pareja. Siempre es mejor comer el grano entero que separado de cada una de sus partes, cuando el grano es separado, aplastado o hecho harina es posible que conserve sus mismos nutrientes por un tiempo, pero ya no será capaz de generar vida. Cada grano es el principio y el final del ciclo de vida de una planta, por lo tanto contiene en sí mismo todo el potencial de la planta.

Si los dividimos en tres grupos, los cereales enteros como ya hemos indicado es lo mejor que podemos darle a nuestro organismo, en un segundo grupo estarían los farináceos y granos procesados naturalmente, incluyen el seitán, pastas, pan, galletas y en general horneados, también el trigo partido, bulgur, avena arrollada, copos, cus-cus, y otras formas molidas, cortadas a máquina o parcialmente refinadas, este grupo podemos utilizarlo de vez en cuando para variar.

En el tercer grupo está la harina blanca, el arroz pulido y otros productos cerealeros que han sido refinados, blanqueados o conservados y enriquecidos artificialmente. Estos alimentos no tienen vida, por eso en la cocina macrobiótica los evitamos.

Consideraciones:

– La masticación total de cada bocado de cereal es determinante para una buena asimilación. la ptialina, enzima de la saliva, es el primer agente de degradación de los azucares complejos de los cereales en azucares simples. Mal masticados los cereales pueden provocar fermentaciones, y de benéficos, convertirse en indigestos y perjudiciales. Masticad al menos 50 veces cada bocado, estarán más ricos, comeréis menos, tendremos mejores digestiones y obtendremos todos sus nutrientes.

– El cereal debe de estar bien cocido para que sea más digestivo y fácil de asimilar.

– Dependiendo del resultado que queramos obtener, variaremos la cantidad de agua y el tiempo de cocción, quedando los granos más o menos sueltos y generando distintos tipos de energía.

– Debemos cocinarlo con poca sal, lo justo para que saque su dulzor, si ponemos mucha sal deja de ser un alimento equilibrado y se convierte en un alimento contractivo que provocara sed, hambre excesiva o ansia de dulces.

– Excepto las pastas, no es aconsejable poner más agua de la indicada para cada cereal ya que lo ideal es que al final quede seco. Nunca se lavan los cereales después de cocidos.

– Consumir siempre que sea posible cereales de cultivo ecológicos, porque en la cascara del cereal es donde se acumulan los pesticidas y otros productos tóxicos dañinos para nuestra salud.

– El consumo diario en la dieta variara dependiendo de la edad, sexo, estado de salud, actividad física, etc…

– Para las personas que nunca hayan consumido estos productos los iremos introduciendo poco a poco en nuestra dieta, para que el estómago e intestinos se acostumbren a digerirlos.

– La mejor manera de aprender es practicando, experimentando, la experiencia en la cocina nos dará el uso adecuado de cada cosa.