Ciertamente no existe una dieta adecuada a todas las necesidades. Las modificaciones son siempre necesarias, dependiendo de donde se vive, del clima local, la estación, sexo, edad, ocupación, condición particular y nivel de actividad. Lo importante es intentar que en cada comida existan los nutrientes necesarios para un óptimo funcionamiento de nuestro organismo. Y mucha variedad, tanto de ingredientes como de estilos de cocción, sabores, colores, texturas…

Las proporciones generales de esta dieta, están basadas en las pautas dietéticas tradicionales que protegieron a nuestros antepasados, de los numerosos desórdenes degenerativos que hoy nos afectan. También nos permite adaptarnos de una forma inteligente a las condiciones cambiantes del medio ambiente.

En todo el mundo, las dietas tradicionales, incluían verduras frescas de la localidad, legumbres, cereales integrales, en algunos lugares algas y algunos productos fermentados. En general, las proteínas animales, o sea, carnes, huevos y lácteos, se usaban mucho menos que en nuestra época.

Para terminar, debemos tener en cuenta varias consideraciones:

  • Los ingredientes a emplear en el menú: Deben ser variados y contener todos los grupos de alimentos necesarios para que nuestro organismo funcione correctamente, es decir, cada menú debe llevar cereales, proteínas (vegetales o animales), verduras, aceite y/o semillas, pickles y algas.
  • Composición: debemos empezar en verano con una ensalada y en invierno con una sopa caliente o consomé. Después, en un plato, debemos combinar un 50% de cereal (arroz, trigo, cebada, mijo, quinoa, etc), un 15% de proteína (legumbres, tempeh, tofu, seitan, pescado, carne, huevos) y un 30% de verduras de temporada de diferentes tipos (raíz, redonda y hoja), el 5% restante, lo emplearíamos con algas y pickles. Para terminar, podemos tomar una infusión. Los postres (dulces y fruta), los dejamos para consumirlos entre comidas para que no se combinen con las proteínas, pues harían más pesada la digestión.
  • Sabores: En la comida ideal, deberían estar presentes todos los sabores, dulce 80 % (cereales, legumbres, verduras, fruta fresca y seca, melazas, mermeladas naturales,…) amargo (lechugas, alcachofas, frutos secos tostados, semillas tostadas, endivias, hiervas aromáticas secas,…) ácido (limón, vinagre de arroz y umeboshi, fermentos como el chucrut), picante (ajo, jengibre, mostaza, pimienta, rabanitos, cebolla cruda, berros, nabo rallado, puerros…) y salado (sal, salsa de soja, aceitunas, miso, umeboshi …) con predominio del dulce, que será del 80%.
  • Colores: una comida con color nos estimula, nos abre el apetito, nos predispone al disfrute de los alimentos, y esto lo conseguimos con: rojo (rabanitos, remolacha, col, azuki, fresas, sandia…), naranja (zanahoria, calabaza, boniato, lenteja roja…), verde (brócoli, lechuga, col, puerros, perejil…), blanco (coliflor, nabo, tofu, agar-agar…), negro (algas, soja negra…), amarillo (maíz, chirivía, limón, mijo…).
  • Texturas: una comida debería equilibrar una textura o consistencia húmeda con una seca, crujiente-blanda, ligera-pesada, caliente-fría. Para de esta forma cubrir todos nuestros deseos dietéticos, por ejemplo una comida demasiado líquida y blanda no nos dejara satisfechos, deseando al instante algo crujiente y seco.
    Frío: Verdura prensada o escaldada, sopa fría en verano, pickles.
    Crujiente: semillas y frutos secos tostados, fritos, maíz.
    Húmeda: ensaladas, germinados, cereales cocinados…
    Blanda: cereal como polenta, cus-cus, postres, compotas, purés…
    Caliente: todo lo que cocinemos y comamos caliente.
    Seca: fritos de verduras, pan, semillas o frutos secos tostados, tortas de cereales…
  • Estilos de cocción: Cada tipo de cocción tiene efectos diferentes y proporciona distintos tipos de energía, dependiendo de la época del año, el trabajo que realicemos y el estado en que nos encontremos, veremos qué tipo de cocción nos interesa más. Alternaremos entre cocciones largas y cortas, que calienten y que enfríen, que activen y que relajen, que refuerce y depuren, etc.
  • Auto-observación y paciencia: la información nos hace más libres, habrá veces que podremos hacer el menú perfecto y otras no tanto, no importa, lo importante es observar como cada vez sabemos más y nos encontramos mejor. La practica hace maestro y con el tiempo de forma intuitiva elaboraremos nuestro menú en poco tiempo, equilibrado y rico.