Podemos clasificar los alimentos en dos grupos generales, desglosando sus características para poder entender mejor sus efectos energéticos. Este criterio nos viene de la tradición milenaria de los pueblos de oriente aunque la encontramos por todo el mundo, bajo distintas denominaciones. Es el criterio de comparación yin-yang instrumento que usamos para comprender la naturaleza en General, como funciona nuestro organismo y en la cocina.

  • Yin representa las fuerzas centrífugas, enfría, efecto ligero, superficial.
  • yang representa las fuerzas centrípetas, contracción, calienta, efecto pesado.

Lentitud-rapidez, invierno-verano, macho-hembra. Todas las cosas son una combinación única de estas dos fuerzas.

Yin y yang están siempre presentes en toda manifestación.
Podemos decir que tal alimento es más yin o más yang que otro, y lo mismo con los distintos tipos de preparación culinaria.
Estamos sobre la Tierra y actuamos a modo de antenas para recoger las fuerzas electromagnéticas del cielo y la tierra, que cargan nuestros cuerpos de energía vital (el “ki” de los japoneses). El ki, circula por nuestro cuerpo, por doce rutas principales, son los meridianos. Cada meridiano, es como un canal de energía que se origina en un lugar concreto y sube o baja hacia otro lugar.

Los orientales, conciben el cuerpo como un circuito continuo por el cual circula la energía vital. Todos los órganos trabajan en armonía, y cada uno depende de los demás para mantener la salud, y de esta armonía física, resulta una mente sana y unos sentimientos equilibrados.

Lo que más nos interesa aquí, es su aplicación a la alimentación. En realidad solo se trata de comprender el dicho “somos lo que comemos”. Si comemos demasiados alimentos de estructura yang, nos volveremos rígidos, y si comemos demasiados alimentos de estructura yin, nos volveremos flojos. Si comemos equilibrados, no estaremos ni muy flojos ni muy rígidos, estaremos elásticos y podremos adaptarnos a los cambios continuos que ocurren en nuestra vida.
Sin embargo, si comemos alimentos de los dos extremos, unos muy contractivos y otros muy expansivos, será muy difícil mantener el equilibrio. Probablemente, algunas de nuestras estructuras biológicas, se deteriorarán, tal vez gravemente.
Podemos pues decir, que tal alimento es más yin o más yang que otro, y lo mismo con los distintos tipos de preparación culinaria. Combinamos y alteramos sutilmente los ingredientes por medio de la cocina, para obtener de ellos un equilibrio que colme nuestras necesidades.
Cada forma de cocción, vapor, asado, horneado, frito, etc, tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Es importante conocer lo que cada una de estas formas de cocción incide en nuestro organismo, que nos da y que nos quita, siendo conveniente emplearlos todos, variándolos a menudo de acuerdo a nuestro estado y necesidades. Nuestra cocina debe ser flexible, buscando siempre la armonía entre la naturaleza y nosotros mismos.
Durante el invierno, que es una estación más yin (frío, agua, etc), comeremos unos alimentos más yang, y durante el verano, estación más yang, tomaremos alimentos más yin. Así, conseguiremos equilibrar nuestras energías y ahorraremos a nuestro organismo los sobreesfuerzos necesarios por su parte cuando estas cuestiones no se tienen en cuenta, y que, por desgracia, suelen terminar con trastornos, desordenes e incluso enfermedades.

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